La historia de Amanda Gonzalez

 

Sobreviviente de enfermedad cardiaca congénita, 26 años de edad, Worcester, MA

La historia de Amanda

Durante los últimos ocho años, Amanda Gonzalez ha aprendido mucho sobre lo que su cuerpo puede aguantar. Enfrenta cirugías periódicas para hacer que su corazón siga latiendo de manera regular. Aún así, la joven de 26 años se enfoca en su futuro y en correr la voz sobre la salud cardiaca.

Cuando tenía 18, Amanda supo que tenía un ritmo cardiaco irregular y que requería de un desfibrilador automático implantable (DAI); casi se paralizó de la ansiedad.

La historia del corazón de Amanda comenzó cuando terminaba sus días en la preparatoria. Había regresado a casa de un juego de softball y se quedó estudiando para sus exámenes finales hasta muy tarde. Cerró sus libros y decidió meterse a bañar en la tina; cansada del juego, se sentó a lavarse los brazos cuando de pronto se sintió mareada y se desmayó. Se cayó hacia atrás,  tirando las botellas de shampoo.

Al escuchar el ruido su mamá se acercó a la puerta para preguntar qué estaba pasando. No hubo respuesta. El hermano de Amanda logró abrir la puerta. Amanda estaba inconsciente, echando espuma por la boca, con el pulso muy fuerte. Su mamá llamó al 9-1-1 inmediatamente.

Cuando Amanda despertó tenía la visión borrosa; le era difícil enfocar la cara de su mamá. Apenas podía mover la lengua. Le costó trabajo preguntarle a su papá qué había pasado mientras él le acariciaba los cachetes con la palma de la mano; nervioso, le explicó que tal vez se resbaló y golpeó la cabeza.

Para cuando llegaron los paramédicos, Amanda podía ver y hablar claramente. Fue llevada al hospital donde le hicieron una serie de pruebas, pero no encontraron ninguna causa a la cual atribuir el episodio.

Tres meses después, cuando Amanda fue tanto al cardiólogo como al electrofisiólogo y comenzó a utilizar un monitor Holter, se reveló el problema: su corazón latía de manera irregular.

Amanda supo que necesitaba cirugía inmediata para que se le implantara un DAI. Se sintió devastada.

“Sólo podía pensar que en tres días iba a comenzar la universidad” comentó, “pero me dijeron que podía morir si me ocurría otro episodio y no tenía un DAI implantado”.

Viendo hacia atrás, Amanda dice que ya habían habido signos de que algo no estaba normal con su corazón. Al jugar softball en el último año de preparatoria, le costaba trabajo seguirle el ritmo a sus compañeros cuando corrían durante la práctica. Amanda pensaba que este rezago se debía a que no tenía experiencia y no había entrenado tan duro con anterioridad.

Un día durante la práctica llamaron a una ambulancia, pues se había agitado de más y comenzó a hiperventilarse; en ese momento le dijeron que probablemente se debía a una deshidratación.

Después de obtener su DAI, Amanda se sentía nerviosa sobre la posibilidad de una descarga eléctrica que le salvara la vida si su corazón latía de manera irregular; hecho que sucedió menos de dos meses después de la cirugía. Estaba en su dormitorio y recibió dos descargas eléctricas.

Durante los siguientes tres meses, el DAI de Amanda actuó otras siete veces. Ella estaba paranoica y su familia preocupada. Se le hizo un procedimiento llamado ablación cardiaca para remover tejido cerca de los vasos del corazón, con el fin de prevenir el gran número de contracciones ventriculares prematuras que causaban potencialmente ritmos cardiacos fatales. Desafortunadamente no fue efectivo.

Todavía luchando para respirar con las palpitaciones y la ansiedad, Amanda se dio de baja en la escuela por cuestiones médicas. Su familia se sentía desconcertada sobre qué causaba que su corazón no latiera a ritmo regular tan seguido. La suerte los llevó a conocer un nuevo doctor, quien implantó un cable para darle ritmo a las cámaras superiores del corazón y le prescribió nuevos medicamentos.

La ansiedad debilitaba a Amanda. Por un año no condujo su automóvil; incluso se ponía nerviosa al subir las escaleras y las colinas del campus de su universidad cuando regresó para el semestre de otoño.

Después de muchas sesiones de rehabilitación cardiaca y de trabajar un año con un psicólogo conductista, a Amanda le dieron luz verde para regresar a una vida normal. No le pusieron restricciones, pero tampoco había garantía de que el DAI no le daría descargas en un futuro.

El DAI de Amanda no ha actuado desde enero de 2007, pero aún piensa en eso, especialmente con los síntomas cotidianos. El trabajar con un psicólogo conductista la ayudó a salir adelante del trauma de nueve episodios y descargas. Ya ha aprendido a controlar la ansiedad.

Amanda se graduó de la universidad en mayo de 2011, un semestre después que sus compañeros, con el título en artes visuales. La ocasión fue una buena oportunidad para que Amanda celebrara el logro obtenido entre sus batallas de salud. Ahora es fotógrafa.

“Pude dejar de lado la enfermedad cardiaca” dijo, “finalmente pude enfocarme en mi carrera y seguir adelante con mi vida”.

Amanda quiere que las mujeres sepan que las enfermedades cardiacas no son exclusivas para aquéllas mayores de 65 años, sino que pueden afectar a cualquier edad.

Ha estado trabajando como voluntaria en la American Heart Association y compartiendo su historia. Utiliza los medios sociales para crear conciencia sobre las enfermedades cardiacas y sobre cómo reconocer los síntomas antes de una emergencia médica.

También se enfoca en mantener su corazón tan sano como le es posible y quiere hacer cualquier cosa para prevenir problemas futuros.

“La gente siempre me dice: eres muy joven para tener problemas cardiacos, pero estos te pueden afectar a cualquier edad, especialmente si son parte de tu historial familiar” dijo Amanda. “Un año antes de mi episodio cardiaco, mi abuelo murió de un infarto en mi casa. La enfermedad cardiaca apareció durante la mejor etapa de mi vida; nunca es demasiado pronto para revisar la salud de tu corazón, ¡así que no esperes hasta que sea demasiado tarde!