Cómo abordar el tema de la obesidad

 

Obesidad. Una palabra de sólo ocho letras, pero cada una de ellas implica grandes emociones. Una frase todavía más controversial es obesidad infantil y, nos guste o no, actualmente es la principal preocupación de salud para los padres en Estados Unidos.

Cuando a un ser querido le diagnostican obesidad, o si está en peligro de volverse obeso, la línea entre intervenir y ayudarle y el riesgo de lastimarlo con palabras bien intencionadas es muy delgada.

Tristemente, estas son conversaciones que debemos tener con las personas que más queremos. Durante los últimos 40 años, las tasas de obesidad han aumentado drásticamente entre los niños de todas las edades; algo incluso más preocupante es que estas tasas se han cuadruplicado en los niños de entre 6 y 11 años.

Los estudios también muestran que el tener un alto índice de masa corporal en la infancia crea mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y apnea de sueño.

Es muy importante entender que los niños que batallan con la obesidad pueden sufrir de depresión, bajo autoestima y una mala imagen corporal.

Con estas estadísticas en mente es importante empezar las conversaciones de manera comprensiva, empática y motivadora para lograr cambios positivos. La American Heart Association tiene algunas sugerencias sobre cómo hablar de estos temas con interés y entendimiento:

 

  • Evita criticar los hábitos alimenticios de tus seres queridos. Mejor trata de enseñarles la importancia de estar saludable y los beneficios que uno obtiene con una salud óptima.
  • Recompensa el buen comportamiento. Asegúrate de celebrar las decisiones saludables que tomen tus hijos o seres queridos; una o dos palabras de aliento pueden ser muy buenas para reforzar los hábitos positivos.
  • Fija el ejemplo. Los niños buscan ser guiados por sus padres en todos los aspectos de sus vidas. Generalmente copian lo que sus padres están haciendo; por lo tanto asegúrate de que tus hábitos alimenticios y de ejercicio sean tales que valga la pena imitarlos.
  • Haz que el estilo de vida saludable sea un asunto familiar. Trata de buscar un lugar local, por ejemplo, un parque o un centro comercial cerrado, a donde pueda ir la familia para caminar y quemar calorías. Reta a los miembros de tu familia a perder 5 o 10 libras y monitorea quién va ganando; no hay mayor motivación que el apoyarse los unos a los otros como grupo.
  • Las familias que comen juntas se mantienen unidas. Los estudios han mostrado que quienes comen juntos se mantienen en un peso saludable. Además es la oportunidad perfecta para ponerse al corriente de lo que pasa en la vida de los demás. Con esta opción siempre se gana.
  • Aleja las tentaciones. En lugar de llevar a casa snacks poco saludables llenos de calorías, azúcar y sal, mantén las alternativas saludables a la vista como frutas y verduras o alimentos ricos en fibra.
  • Enfatiza en casa la actitud del SI SE PUEDE. No hagas que la “dieta” gire en torno a lo que NO se puede comer, sino a lo que sí se puede Y recuerda: no tienes que aprender a vivir sin, sino a vivir con menos. Limítate a una galleta en lugar de dos, y agrégale a tu rutina 60 minutos de juego (así como suena, ¡únetele a tus hijos!)
  • No seas muy exigente contigo o con ellos. Es probable que con cualquier nueva dieta uno caiga en la tentación mientras se adapta a los cambios. Comienza poco a poco y perdónate por romper las reglas de vez en cuando; sucede. Lo importante es estar consciente de las decisiones que tomas.

 

Recuerda que luchar contra la obesidad y otros problemas de salud similares como la diabetes y las enfermedades cardiacas es un maratón, no una carrera de velocidad. El cambio no se va a notar de un día para el otro, pero, con el tiempo tú y tu familia se descubrirán perdiendo peso, sintiéndose más sanos, teniendo más energía y viviendo vidas más sanas y largas. ¡Y todas estas son palabras que definitivamente vale la pena celebrar!