Enfermedades cardíacas en mujeres afroamericanas

Enfermedades cardíacas en mujeres afroamericanas

Echarse un poco de agua a la cara no calmó los nervios de Shermane Winters-Wofford en su primera cita. Y, a continuación, lo que ella percibía como nerviosismo se transformó en sudores y opresión en el pecho.

Aunque no experimentó los signos de alarma típicos, Shermane estaba sufriendo un derrame cerebral.

¿Un accidente cerebrovascular? ¿Cómo puede ser? Después de todo, ella creía que era perfectamente saludable. Pero resulta que Shermane estaba en riesgo desde el principio. Al igual que muchas otras mujeres afroamericanas, tenía antecedentes familiares importantes de presión arterial alta y de enfermedad cardíaca. Lamentablemente, no lo descubrió hasta que ya casi era demasiado tarde.

Las cardiopatías y los accidentes cerebrovasculares son la causa principal de muerte en mujeres, y los accidentes cerebrovasculares afectan de forma desproporcionada a las personas afroamericanas. Cabe destacar que las mujeres afroamericanas tienen menos probabilidades que las mujeres caucásicas de ser conscientes de que la enfermedad cardíaca es la causa principal de muerte.

La diabetes, el consumo de tabaco, la presión arterial alta, el colesterol alto, la falta de actividad física, la obesidad y los antecedentes familiares de enfermedades cardíacas son frecuentes entre las personas afroamericanas y son los principales factores de riesgo de enfermedad cardíaca y accidentes cerebrovasculares. Además, las mujeres afroamericanas tienen casi el doble de riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares en comparación con las mujeres caucásicas, así como más probabilidades de morir a una edad más temprana en comparación con mujeres de otras etnias.

Estas son algunas estadísticas inquietantes:

  • Las enfermedades cardiovasculares matan a cerca de 50 000 mujeres afroamericanas todos los años.
  • De las mujeres afroamericanas de 20 años en adelante, el 49% tiene enfermedades cardíacas.
  • Solo 1 de cada 5 mujeres afroamericanas cree que está en peligro.
  • Solo el 58% de las mujeres afroamericanas son conscientes de los signos y los síntomas de un ataque cardíaco.
  • Solo el 36% de las mujeres afroamericanas saben que la enfermedad cardíaca es el mayor riesgo para la salud.

La verdad sobre la hipertensión arterial

Más del 40% de las personas negras de origen no hispánico tienen presión arterial alta, que es más grave en personas de raza negra que de raza blanca, y se desarrolla a una edad más temprana. Este dato poco conocido es algo que, si se conociera y se tratara de antemano, podría haber dado lugar a una primera cita más romántica para Shermane.

¿Por qué afectan más a las personas afroamericanas?

Los investigadores descubrieron que puede haber un gen que haga que las personas afroamericanas sean mucho más sensibles a los efectos de la sal, lo que a su vez aumenta el riesgo de desarrollar presión arterial alta. A las personas que tienen este gen, tan solo un gramo adicional (media cucharadita) de sal podría incrementar la presión arterial en hasta cinco milímetros de mercurio (mm Hg).

La población afroamericana también tiende a tener índices altos de obesidad y diabetes, lo que la expone a un mayor riesgo de padecer presión arterial alta y enfermedad cardíaca. Sin embargo, para muchas mujeres afroamericanas, sobre todo aquellas que consideran que son muy saludables, la percepción no siempre refleja la realidad.

¿Cuál es la solución?

Para empezar, reduzca la cantidad de sal y sodio que ingiere. De hecho, realice un gran esfuerzo para mejorar sus hábitos alimenticios y aprenda sobre alimentación saludable y habilidades de cocina sana. Y, por supuesto, si no es activa ya, muévase.

Shermane realizó estos cambios tras su primer derrame cerebral, pero no se comprometió a realizarlos hasta varios años más tarde, cuando sufrió un segundo derrame cerebral. Esto demuestra que los riesgos de derrames cerebrales no se pueden ignorar, y Shermane ahora es consciente de ello.

¿Cuáles son los signos de alarma del derrame cerebral?

  • Repentino hormigueo o debilidad de los músculos del rostro, brazo o pierna, sobre todo localizados en uno de los lados del cuerpo
  • Dificultad repentina para hablar o comprender, aturdimiento
  • Problemas repentinos de visión en uno o en ambos ojos
  • Dificultad para andar, mareos, pérdida de equilibrio o coordinación
  • Cefalea grave repentina sin causa conocida