Cardióloga líder, madre y sobreviviente del COVID-19: necesitamos más investigación para proteger el corazón de las mujeres 

Por la Dra. Stacey E. Rosen

Retrato de primer plano de Stacy Rosen, MD

Como cardióloga de larga trayectoria en Nueva York, he adoptado la misión de abogar por un nuevo estándar de salud de la mujer. 

Las disparidades por sexo en la investigación, las concepciones erróneas y la carencia de conocimientos sobre los factores de riesgo, los síntomas y las respuestas a tratamientos según el sexo, sumadas a factores sociales, llevaron a que en el pasado no se advirtiera cómo el impacto de la enfermedad cardiovascular es diferente en nosotras. Y la realidad permanece, anualmente la enfermedad cardiovascular es el asesino n.º 1 de las mujeres. Se cobra más vidas de mujeres que todas las formas de cáncer juntas1.

Cuando incursioné en el ámbito médico hace más de 30 años, supe que era el momento de cambiar el sistema anticuado que creó disparidades en los resultados de salud para las mujeres. He tomado un enfoque en función de sexo y género para el cuidado de las mujeres; colaboro con los pacientes para enseñarles cómo ser mejores defensores de su salud. Es importante que no tengamos una actitud pasiva en relación con nuestro bienestar. Debemos ser siempre defensores informados de nuestra salud y de la salud de nuestras familias. 

A la vez, no estamos viviendo en tiempos normales y debemos prestarle atención a nuestro cuerpo ahora más que nunca. La pandemia por coronavirus puso de cabeza al mundo, al sistema de salud e incluso a mi propia vida.  

En marzo, dividía mi tiempo entre atender pacientes y trabajar desde casa. Sabía que era el momento de traer a casa a mi hijo, que vivía en un pequeño apartamento en Nueva York, para que hiciéramos cuarentena juntos. La ciudad estaba en confinamiento. Entrar a la ciudad fue una experiencia inquietante y diferente a todo lo que había visto en el pasado. Pero era solo el comienzo de nuestra personal pesadilla. 

Poco después, el COVID-19 impactó nuestro hogar, comenzando por mi hijo. Mi primer instinto fue desestimar los signos de alarma. Cuando se quejó de que le dolía el cuerpo, mi necesidad maternal de protegerlo me llevó a minimizar los síntomas y negarme a creer lo que podría estar sucediendo. Sus síntomas evolucionaron de dolor muscular a fiebre alta. Entré en acción y le insistí en que se hiciera la prueba. Esa tarde su hisopado regresó con resultado positivo de coronavirus. 

Luego el COVID-19 vino por mí. A los cinco días del diagnóstico de mi hijo, me desperté con fiebre y escalofríos, y di positivo en la prueba. Mi esposo también tuvo un resultado positivo en la prueba del virus después de experimentar dolor de garganta; quedaba solo mi hija, una universitaria graduanda que lamentaba perder todo lo que el año de graduación le prometía. 

Cuando se le diagnosticó a mi familia este virus distinto a lo que jamás había visto, como una persona que se considera de personalidad “Tipo A”, sentí como que nuestro mundo estaba fuera de control. Casi no podía mantenerme en pie para tomar una ducha y no hacía más que pensar cómo podía estar sucediéndome esto. Nos sentíamos miserables. Nos tomó más de cuatro semanas recuperar completamente la salud. Para aumentar mis temores, nuestra hija mayor trabajaba como médico residente en un hospital de Brooklyn desbordado de pacientes con COVID-19. 

Lidiar con el COVID-19 no fue solo físicamente agotador, fue mentalmente desgastante y tuvo un efecto negativo en todos los aspectos de mi vida. Seguí dando prioridad a la salud de otros antes que a la mía, como hacen muchas mujeres, descuidando el tiempo que necesitaba para sanar y así poder cuidar mejor a las personas importantes en mi vida: mi esposo, hijo y maravillosos pacientes.

Como madres y esposas, muchas mujeres tenemos la noción preconcebida que tenemos que ser “mujeres maravilla” para nuestras familias. El COVID-19 me impidió ser la cuidadora perfecta de mi hijo y esposo mientras estuvieron enfermos. 

En lo profesional, me impidió atender a mis pacientes de manera consistente hasta que estuve suficientemente bien. Sabía que la mayor parte de mis pacientes podrían tener mayor riesgo al contraer el virus y, con el hacinamiento en los hospitales, me preocupaba una potencial tragedia si alguno desarrollaba COVID-19. En la noche, daba vueltas en la cama pensando sobre los retos que podrían enfrentar para manejar eficientemente su salud durante el confinamiento, al no estar yo disponible para ellos como siempre. En retrospectiva, me alivia que mi familia se haya enfermado durante el inicio del brote en Nueva York, cuando no conocíamos algunas de las complicaciones terribles del COVID-19, para las que no tenemos aún respuesta, y que los investigadores siguen estudiando. 

Lo que aprendí como profesional: El COVID-19 no es una gripe. Es un virus fuera de lo ordinario y nuestro conocimiento al respecto es alarmantemente limitado.  

Si bien los datos sobre el sexo y el COVID-19 todavía son demasiado limitados para sacar conclusiones, tanto mi hijo como mi esposo experimentaron serios efectos secundarios que yo no tuve. La variedad de síntomas que cada uno de nosotros enfrentó era fascinante. Los sudores nocturnos de mi esposo eran terribles. Mi hijo tuvo cefaleas horribles. Los primeros datos sugieren que los hombres experimentan peores desenlaces que las mujeres.

El COVID-19 potenció mi pasión por la investigación y mi devoción al cuidado del paciente. No pienso quedarme de brazos cruzados cuando se trate de aprender más sobre este virus. Necesitamos más investigación enfocada en el COVID-19 y sus complicaciones, de tal forma que podamos potenciar la ciencia con perspectiva de género y facultar profesionales en la búsqueda de mejores soluciones para las mujeres que contraigan o estén en riesgo por el COVID-19, especialmente mujeres con afecciones cardíacas crónicas. 

Cerca del 45% de las mujeres de 20 años o más viven con alguna enfermedad cardiovascular,2 por lo que tienen un riesgo potencialmente mayor de sufrir complicaciones serias por el COVID-19. Las mujeres, especialmente de color, son más propensas a estar a cargo de cuidar a sus padres mayores, hijos pequeños y personas que pueden infectarse con el COVID-19. La prevención y el cuidado personal para la mujer es crucialmente importante, y las que viven con enfermedad cardíaca y ataque cerebral deben conocer y manejar su riesgo. Ahora, más que nunca, es importante no ignorar nuevos síntomas o cambios en cómo nos sentimos.

Es de suma importancia que las personas dejen de evitar los hospitales, las salas de urgencias y otros centros sanitarios, para que no se pierdan vidas ni se alteren profundamente por falta de tratamiento, en especial en casos de emergencia, como ataques cardíacos y cerebrales, así como el manejo de afecciones crónicas subyacentes que elevan el riesgo de contraer el COVID-19. Si usted está experimentando síntomas de ataque cardíaco o ataque cerebral, el lugar más seguro en el que puede estar es un hospital. Los ataques cardíacos y los ataques cerebrales siguen siendo emergencias médicas y usted puede obtener ayuda llamando al 911 (o su número de emergencia local). También, el manejo de afecciones crónicas como presión arterial alta y diabetes tiene que ser prioritario en estos momentos.

Estoy orgullosa de ser voluntaria en organizaciones como la American Heart Association (AHA) en tiempos de crisis, para ayudar a difundir valiosa información sobre la salud y brindarles a las mujeres los recursos que necesitan para ser capaces de hacerse cargo de su bienestar y poder seguir cuidando a sus familias. La AHA aceleró un fondo especial de USD 2.5 millones para proyectos de investigación científica de respuesta rápida sobre las implicaciones cardiovasculares específicas del COVID-19 que puedan demostrar resultados con la mayor brevedad. 

Les pido encarecidamente a las mujeres que tomen un papel más activo en la obtención de soluciones científicas para el COVID-19 a través de Research Goes Red. La emblemática iniciativa de las mujeres de la AHA, Go Red For Women, y Project Baseline de Verily lanzaron una encuesta a través de Research Goes Red sobre el COVID-19. Esta encuesta evaluará las principales preocupaciones que tienen las mujeres sobre el impacto social, económico, emocional y de salud que ha tenido el COVID-19 en sus vidas, ya sea que lo hayan contraído o no. La Comisión Científica Consultiva de Go Red For Women evaluará los resultados de la encuesta y ayudará a determinar la futura investigación científica.

Aunque no fue el año que yo anticipaba, celebré el 35 aniversario de mi graduación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston. Cuando reflexiono sobre este hito durante la temporada de graduación, no puedo evitar pensar en el sinnúmero de jóvenes profesionales médicos en los EE. UU. que se enfrentan a la incertidumbre del sistema de educación médica, la ansiedad y las preocupaciones durante la pandemia, incluso cuando algunos aprovechan las nuevas oportunidades que brinda este gran cambio de paradigma. 

Aplaudo a los estudiantes que decidieron graduarse tempranamente y acudir a la primera línea para atender pacientes, tal vez antes de lo que tenían previsto o aunque no fuera algo tuvieran planificado en su carrera. Quiero animar a los investigadores jóvenes, especialmente a las investigadoras mujeres, que se han adaptado rápidamente a continuar examinando e investigando las preguntas difíciles que deben resolverse en cuanto al impacto del sexo y género en la salud. 

Necesitamos capacitar a más mujeres en la búsqueda de soluciones para la salud femenina en medio del COVID-19. Mi experiencia con este virus reforzó mi pasión de inspirar a la próxima generación de mujeres doctoras e investigadoras a seguir estudiando ciencia con enfoque por sexo para poder mejorar la salud de todas las mujeres. Las mujeres constituyen únicamente el 25% de los empleos en el campo de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), y ya no podemos permitirlo. Incluso mi propio campo de cardiología sigue atrayendo a muy pocas mujeres.

Mi pedido para las mujeres jóvenes es que, en el contexto de esta crisis de salud sin precedentes que impacta incluso a los veteranos profesionales de la salud, como yo, se cuiden y se mantengan a salvo. Ustedes están ayudando a encontrar soluciones para las mujeres del mañana, de modo que podamos combatir el COVID-19 y sus complicaciones para los pacientes con enfermedades cardíacas y ataques cerebrales. Gracias por todo lo que hacen.  

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Dra. Stacey E. Rosen, FACC, FACP, FAHA  
Vicepresidente sénior, Women's Health  
Katz Institute for Women's Health

Profesora del Consejo de Socios de Women's Health
Profesora de Cardiología
Facultad de Medicina Donald and Barbara Zucker
en Hofstra/Northwell

Experta médica voluntaria de la American Heart Association y de Go Red For Women   

1Benjamin EJ, Muntner P, Alonso A, et al. Estadísticas de enfermedad cardíaca y ataque cerebral: actualización del 2019: un informe de la American Heart Association. Circulation. E259. https://www.ahajournals.org/doi/pdf/10.1161/CIR.0000000000000659 Publicado el 31 de enero del 2019.

2Benjamin EJ, Muntner P, Alonso A, et al. Estadísticas de enfermedad cardíaca y ataque cerebral: actualización del 2019: un informe de la American Heart Association. Circulation. E259. https://www.ahajournals.org/doi/pdf/10.1161/CIR.0000000000000659 Publicado el 31 de enero del 2019