La cirugía arregló su corazón. Controlar sus pensamientos la ayudó a sobrellevarlo.

Por Nancy Brown, directora ejecutiva de la American Heart Association

La cirugía arregló su corazón. Controlar sus pensamientos la ayudó a sobrellevarlo.

Bonnie y su marido en el lago Chautauqua (Fotografía cortesía de Bonnie Gwin)

En un porche delantero del apartado oeste de Nueva York, Bonnie Gwin descansa en un sofá de mimbre blanco, viendo cómo se mecen los veleros a lo largo del lago Chautauqua. Da unos golpecitos a los cojines de rayas azules y blancas, animando a un invitado a que se acomode a su lado. A veces, el compañero es uno de sus padres, a veces uno de sus hijos. Podría ser su marido o una de sus hermanas, un primo o uno de los muchos amigos cercanos de varias etapas de su vida.
 
Cuando el sol se eleva sobre el lago, Bonnie y su visitante especial beben tazas de café. Cuando se pone el sol, brindan con copas de vino.
Siempre sonríen. A menudo se ríen. Nunca hay una pista acerca de la razón por la que Bonnie, una genio empresarial trotamundos, ha evocado esta imagen: la inminente cirugía cardíaca que la obligó a aceptar que no es indestructible.

Transportarse a su lugar favorito, rodeada por su gente favorita, fue la forma en que Bonnie pudo lidiar con el hecho de que los médicos operarían su corazón y no estaban seguros de lo que encontrarían. Aunque sabían que su válvula mitral estaba defectuosa, no sabían si se podía reparar o si era necesario sustituirla, y tenían que esperar para decidir si se debía realizar mediante cirugía robótica o abriendo el tórax.

Bonnie no estaba acostumbrada a tener tan poco control, especialmente para algo tan grande. Afortunadamente, encontró un mecanismo para lidiar con la situación: la visualización positiva. Todas esas visitas imaginarias de antes la ayudaron a preparar su mente para el largo camino de vuelta, que finalmente la llevaría de vuelta a ese mismo punto.

“Cuando vas camino a una cirugía, es muy reconfortante recordarte a ti mismo que muchas personas se preocupan por ti y quieren estar contigo”, afirma. 
Febrero es el mes del corazón en Estados Unidos, un momento para prestar más atención al hecho de que la cardiopatía es la principal causa de muerte de los estadounidenses, y que es la principal causa de muerte en mujeres. Ocasionan la muerte de más mujeres que todas las formas de cáncer juntas. A lo largo de este mes, utilizaré este espacio para destacar a las mujeres con historias inspiradoras relacionadas con mejorar y prolongar las vidas tras enfrentar una cardiopatía. Cada historia tiene una enseñanza aplicable. Lo mejor de la historia de Bonnie es que lo que la ayudó a superar su dura experiencia puede ayudar a cualquiera a superar cualquier cosa.

En el momento en que su cardiopatía se manifestó, Bonnie estaba en su puesto actual: vicepresidente y codirectora general de la Oficina global de dirección ejecutiva y junta directiva de Heidrick & Struggles. En otras palabras, ayuda a empresas de todo el mundo a contratar directores ejecutivos y miembros de la junta directiva.

Claramente, cumplió con su juramento adolescente de “soñar a lo grande”.

Bonnie creció en Louisville, Kentucky. Su padre dirigía una pequeña oficina de contabilidad donde sucedió a su padre. Su madre era ama de casa y animó a Bonnie y a su hermana a buscar carreras que les interesaran.

Se puso como objetivo convertirse en funcionaria del servicio exterior. Con la promesa de viajes, responsabilidad y prestigio, parecía perfecto para una adolescente ambiciosa. Y estaba bien encaminada al egresar de la Universidad de Georgetown con una licenciatura, una maestría y una oferta de trabajo.

“La rechacé”, comentó. “Quería tener un lugar en los Estados Unidos. No quería irme demasiado tiempo”.
En cambio, trabajó en IBM durante unos 13 años. Los 22 últimos los pasó en Heidrick & Struggles. Lo divertido es que ese trabajo la ha llevado por todo el mundo muchas veces. Su trabajo tiene su sede en Nueva York, pero su casa está en Cleveland, lo que se suma a sus viajes semanales.

“Soy el tipo de persona con una maleta empacada en todo momento, con un segundo conjunto de artículos en la misma maleta”, comenta, riendo. “Me gusta decir a la gente que mi oficina es el asiento 23C. Es una vida loca, pero la disfruto”.

Un compañero de habitación en Georgetown es el responsable, en parte, de que Bonnie de volviera a trazar sus planes de carrera. En concreto, fue el hermano del compañero, Jim. Se comprometieron cuando Bonnie decidió permanecer en los Estados Unidos. Trabaja en Cleveland y se han mantenido allí.

En 2011, uno de sus hijos estaba estudiando cerca de Londres. En un vuelo para visitarlo, Bonnie se desvaneció. Cayó con tanta fuerza que se rompió la clavícula. Iba a continuar el viaje familiar en Inglaterra cuando tuvo que apurarse para subir a otro avión. 
Su padre estaba por morir.

Después del funeral, Bonnie se sometió a una cirugía para reparar su clavícula. Desde entonces, tomó más en serio su salud. Viviendo en Cleveland, recurrió a los expertos de la famosa Cleveland Clinic. Terminó en un programa de salud ejecutiva para mujeres dirigido por la Dra. Roxanne Sukol. Durante una revisión, la Dra. Sukol escuchó un fuerte soplo cardíaco. Bonnie recordó que cuando estaba en la escuela secundaria un médico había mencionado oír lo mismo. Para estar segura, la Dra. Sukol envió a Bonnie a un cardiólogo, el Dr. William Stewart. Aisló el problema en la válvula mitral. “No va a colapsar por esto ahora, pero quiero arreglarlo antes de que dañe el corazón”, le explicó. “Pero todavía falta para eso. Quiero esperar hasta el último momento posible”.

En junio de 2014, Stewart declaró que había llegado el momento. Necesitaba una intervención quirúrgica en un plazo de tres meses o tendría que visitarlo cada tres meses y aun así terminaría en cirugía.

Programó la operación para el día posterior al Día del Trabajo. Luego de esto, pasó a modo de negocios, intentando “buscar la mejor forma para obtener el mejor resultado posible”.
Investigó técnicas, cirujanos e instalaciones. Todas las señales apuntaron a la Cleveland Clinic, un gran alivio. Tal vez abusando de su suerte, seguía buscando en Internet para aprender sobre su enfermedad. Ver demasiados videos dio lugar a noches de insomnio. 
Una nutricionista la ayudó a preparar su cuerpo para el trauma inminente. 

A continuación, encontró un programa de meditación prequirúrgico.

El programa en línea pedía al oyente que se centrara en “un lugar personal muy positivo”, donde podría estar rodeado de seres queridos. La elección fue sencilla. La casa de vacaciones familiar de Bonnie en Chautauqua, Nueva York, a unas dos horas en coche de Cleveland, ya era el lugar de innumerables y maravillosos recuerdos de los últimos 20 veranos.

Le dijeron que cuanto más tiempo dedicara a imaginarse en ese porche delantero antes de la operación, más relajada estaría para el gran día. Volver al porche delantero en su mente también ayudaría a acelerar su recuperación.
Y lo mejor de todo es que pudo volver a ver a su padre.

Bonnie recuerda vívidamente entrar en un quirófano que parecía algo de “La Guerra de las Galaxias”. 
Su próximo recuerdo: mirar a su alrededor la sala de recuperación y pensar: “¡lo hice! ¡estoy aquí!”.
Los médicos repararon su válvula mitral en lugar de sustituirla. Desafortunadamente, tenían que abrir el tórax. Eso hizo que la recuperación fuera más lenta y difícil. Molesta por el ritmo, se esforzó demasiado, solo para sufrir las consecuencias.
 
Cada lección, buena y mala, sirvió para crear la nueva Bonnie. La versión 2020 sigue meditando y utiliza una visualización positiva. También es parte de la Cleveland Clinic. Y está más dedicada a las relaciones, especialmente como mentora de las mujeres jóvenes.

“He dedicado más tiempo a pensar en mi legado. Cuando pienso en lo que hecho durante mi vida, ¿por qué me gustaría ser recordada?”, comentó. “No acorto mis vacaciones e intento no estar al teléfono todo el tiempo. He aprendido a no preocuparme por las cosas que no son importantes o que están fuera de mi control. Mientras sienta que he hecho todo lo que podía, puedo dormir bien por la noche. Es mucho que esperar, pero es una manera excelente de conseguirlo”.

Esta historia debe terminar donde comenzó: el porche frontal frente al Lago Chautauqua. Bonnie regresó allí el mes de febrero después de su cirugía. Tan emotivo como fue, apenas se compara con su visita unos meses después, en verano, “cuando se veía justo como en mi imaginación”.
“Me sentí satisfecha y agradecida, y también me sentí como si hubiera esquivado una bala: todo porque me dirigí a los médicos y seguí adelante con todo, algo que las personas ocupadas no siempre hacen”, comenta. “Todo esto llevó a este momento. Fui muy afortunada porque seguí y escuché lo que la gente me dijo e invertí en mi propia salud. Y tuve a mi familia y amigos conmigo durante todo el proceso”.

Este artículo original se publicó en Thrive Global.