Conozca a Mark Ridder, representante de Heart Valve Ambassador de la AHA

Fotografía de Mark Ridder de la carrera River Run

Un defecto cardíaco congénito hizo que Mark Ridder tuviera que someterse a un reemplazo de válvula cardíaca, pero su determinación en seguir una dieta saludable y realizar ejercicio de forma habitual lo ayudó a recuperar rápidamente la resistencia para reanudar su estilo de vida activo y encontrar inspiración para ayudar a otras personas como él.

Ridder supo por primera vez que algo no estaba bien con su corazón a los 14 años, cuando una exploración física rutinaria antes de ingresar en la escuela secundaria reveló un soplo cardíaco pronunciado. Era 1967 y, aunque el cardiólogo le dijo que evitara la actividad física extenuante, no recibió ninguna otra información sobre lo que podría estar causando la afección, ni una recomendación de que consultara periódicamente a un cardiólogo en el futuro.

En retrospectiva, el diagnóstico ofreció una explicación de por qué Ridder siempre tuvo dificultades siendo niño para mantener el ritmo mientras corría y jugaba con su hermano y sus primos.

“Siempre me quedaba rezagado y sin aliento, pero siempre pensé que era porque era más pequeño que ellos”, dijo.

Ridder mantuvo un estilo de vida saludable y permaneció activo por medio de ejercicio moderado. Creció viendo a su padre padecer cardiopatías y estaba decidido a no seguir sus pasos en relación con el tabaquismo excesivo, una alimentación deficiente y la falta de ejercicio. El padre de Ridder tuvo su primer episodio cardíaco a los 39 años y luchó contra la aterosclerosis progresiva hasta su fallecimiento a los 68 años.

“Fui testigo de cómo limitaba su vida y su capacidad para desenvolverse, y sabía que no quería que eso me pasara a mí”, dijo Ridder.

Después de una exploración física realizada para un puesto ejecutivo en 1993, Ridder se hizo su primer ecocardiograma, que reveló que tenía una válvula aórtica bicúspide, que solo tiene dos valvas en lugar de las tres habituales, y que la calcificación estaba impidiendo que se abriera o cerrara correctamente. La afección era congénita, lo que significa que la válvula deformada estaba presente al nacer, y habría que vigilarla para asegurarse de que no se agravara.

El 2011, Ridder, que entonces tenía 59 años, comenzó a notar palpitaciones cardíacas, que se cansaba con más facilidad y se quedaba sin aliento. Al principio atribuyó los síntomas al envejecimiento, pero un ecocardiograma realizado en el verano del 2012 mostró que su afección valvular, llamada estenosis de la válvula aórtica, había progresado a un diagnóstico de gravedad y era necesario reemplazar la válvula dañada. 

“Me abrió los ojos”, aseguró Ridder. “Estaba convencido de que podría pasar toda mi vida sin necesidad de una intervención quirúrgica”.

Ridder, que reside en Wichita, Kansas, decidió operarse en la Cleveland Clinic de Ohio, para lo cual se precisó coordinación adicional. El reemplazo valvular, en el que se empleó una válvula de tejido bovino bioprotésico, se realizó en noviembre del 2012.  Su recuperación tuvo altibajos, pero Ridder atribuye a sus 12 semanas de rehabilitación cardíaca el hecho de haber recuperado rápidamente la fuerza y la resistencia, y alcanzar su objetivo de retomar un estilo de vida saludable.

“Decidí que sabría que me había recuperado del todo si conseguía prepararme físicamente y correr 10 kilómetros”, aseguró Ridder. Alcanzó esa meta en mayo del 2014, menos de dos años después de que le reemplazaran la válvula.

Ridder, que tiene 63 años, ahora corre 7 kilómetros cada dos días y se siente “mejor que nunca en toda la vida”. Dijo que la experiencia también lo cambió emocionalmente mientras interiorizaba todo lo sucedido y entablaba relación con otros pacientes con válvulas cardíacas. Conocedor de que la fuerza que transmite una comunidad capaz de sentir verdadera empatía, Ridder decidió hacerse mentor de otras personas como representante de Heart Valve Ambassador de la American Heart Association.

“Me siento muy agradecido todos los días por tener un corazón sano y una vida sana”, aseguró. “No estaría vivo si no fuera por este procedimiento”.


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