Medicamentos para la arritmia

Cuando se toman siguiendo exactamente las indicaciones del médico, los medicamentos pueden hacer maravillas. Pueden ayudar a prevenir ataques al corazón y derrames cerebrales. También pueden prevenir complicaciones y frenar la progresión de la enfermedad coronaria.

En esta sección, se presenta un resumen de algunos de los principales tipos de medicamentos cardiovasculares que habitualmente se prescriben para tratar las arritmias. Es importante que informe a su médico sobre todos los fármacos que toma y que comprenda los efectos deseados y los posibles efectos secundarios. Nunca deje de tomar un medicamento ni cambie la dosis o frecuencia sin consultar previamente a su médico.

Fármacos antiarrítmicos

Las taquicardias sintomáticas y los latidos prematuros se pueden tratar con una gran variedad de fármacos antiarrítmicos. Dichos fármacos se pueden administrar por vía intravenosa en una situación de emergencia o por vía oral en los tratamientos a largo plazo. Son medicamentos que suprimen la activación anormal del tejido cardiorregulador o que reducen la transmisión de impulsos en los tejidos que conducen demasiado rápido o que participan en la reincorporación.

En los pacientes con fibrilación auricular, normalmente se agrega un *anticoagulante (o inhibidor plaquetario) para reducir el riesgo de que formen coágulos o de que sufran un derrame cerebral. Obtenga más información sobre la medicación para la FibA.

Cuando las taquicardias o los latidos prematuros se producen con frecuencia, la eficacia del tratamiento antiarrítmico se puede medir mediante la monitorización electrocardiográfica en un hospital, el uso de un monitor Holter de 24 horas o la evaluación farmacológica en serie mediante pruebas electrofisiológicas.

La relativa simplicidad del tratamiento con fármacos antiarrítmicos debe sopesarse teniendo en cuenta dos desventajas. Una es que los fármacos deben tomarse a diario y de forma indefinida. La otra es el riesgo de sufrir efectos secundarios. Aunque todos los medicamentos pueden producir efectos secundarios, los asociados con los fármacos antiarrítmicos pueden ser muy difíciles de tratar. Entre dichos efectos, se incluyen la proarritmia, que consiste en la aparición más frecuente de arritmias preexistentes o en la aparición de nuevos episodios de arritmia tan graves o peores que los que se están tratando.

Bloqueadores de canales de calcio

Los calcio-antagonistas o bloqueadores de los canales del calcio actúan interrumpiendo la llegada de calcio al tejido del corazón y de los vasos sanguíneos. Además de servir para tratar la hipertensión arterial, también se utilizan para tratar la angina de pecho (dolor torácico) y algunas arritmias (ritmo cardíaco anormal).

Betabloqueantes

Los betabloqueantes reducen la frecuencia cardíaca y el gasto cardíaco, lo que disminuye la presión arterial mediante el bloqueo de los efectos de la adrenalina. También se utilizan en el tratamiento de las arritmias cardíacas y de la angina de pecho.

Anticoagulantes

Los anticoagulantes dificultan la coagulación de la sangre. No están diseñados para disolver coágulos existentes. Previenen la formación de coágulos nuevos o evitan que los coágulos existentes se hagan más grandes. Puesto que uno de los tipos más comunes de derrames cerebrales se debe a la presencia de un coágulo que obstruye el flujo sanguíneo que llega al cerebro, se suelen prescribir anticoagulantes a pacientes que presentan determinadas afecciones con el fin de prevenir la aparición de un primer derrame cerebral o de evitar su recurrencia en caso de que el paciente ya haya sufrido uno. Los anticoagulantes también se administran a pacientes con riesgo de presentar coágulos, como es el caso de aquellos que llevan implantadas válvulas cardíacas artificiales o que tienen fibrilación auricular.

Tomar medicamentos

  • Tome todos los medicamentos exactamente como se lo hayan recetado.
  • Nunca deje de tomar ningún medicamento recetado sin consultar primero a su profesional de la salud.
  • Si padece algún efecto secundario, comuníqueselo a su médico.
  • Informe a su médico de otros fármacos y suplementos que esté tomando, incluidos medicamentos sin receta y vitaminas (o suplementos de acción holística).
  • Muchos trastornos del ritmo, especialmente las taquicardias, responden a los medicamentos. Actualmente, disponemos de varios fármacos, pero se están desarrollando más. Estos fármacos no pueden curar la arritmia, pero pueden mejorar los síntomas. Lo logran evitando que se produzcan episodios, reduciendo la frecuencia cardíaca durante los episodios o acortando su duración.
  • Algunas veces, cuesta trabajo encontrar la mejor medicación para un niño. Por ello, es frecuente que se prueben varios fármacos hasta dar con el correcto. Algunos niños deben tomar la medicación a diario, mientras que otros solo deben tomarla en caso de sufrir un episodio de taquicardia. Es muy importante tomar la medicación como se la prescriba su médico.
  • Todos los medicamentos tienen efectos secundarios, incluidos los fármacos para tratar las arritmias. La mayoría de los efectos secundarios no son graves y desaparecen cuando se modifica la dosis o se interrumpe el tratamiento. Sin embargo, algunos efectos secundarios son muy graves y, por ello, algunos niños son ingresados en el hospital para empezar con la medicación. Si el médico prescribe medicación a su hijo, es muy importante que la tome exactamente como se lo indique.
  • A menudo, es necesario controlar la cantidad de fármaco que hay en la sangre del niño. El objetivo es asegurarse de que haya una cantidad suficiente para cumplir su función, pero no tanta como para producir efectos secundarios perjudiciales. Para realizar estos análisis de sangre, se extrae una pequeña cantidad de sangre de una vena o del dedo. Puede ser una buena idea explicarle esto a su hijo antes de la visita al médico.

(*Algunos medicamentos se denominan habitualmente anticoagulantes porque pueden ayudar a reducir la formación de coágulos de sangre. Existen tres tipos principales de anticoagulantes que los pacientes suelen tomar: anticoagulantes como warfarina o heparina, antiagregantes plaquetarios como la aspirina y fibrinolíticos como el activador tisular del plasminógeno (tPA). Cada tipo de medicamento tiene una función específica para impedir la formación de coágulos de sangre o de obstrucción de vasos sanguíneos, ataque al corazón o derrame cerebral).