Latarsha Jones

La sobreviviente a un derrame cerebral de Florida aprende a convertir su salud en una prioridad.

Latarsha Jones culpaba de la cefalea que sufría desde hace semanas al abrumador dolor y estrés que le provocó la muerte de su abuela. Le dolía tanto la cabeza que tenía que sujetarla siempre que tosía o estornudaba.

“He sufrido tanto, que creí que esa era la causa”, comentó.

Había sido un año muy emotivo y, en los últimos dos meses de la vida de su abuela, Jones conducía siete horas desde Atlanta, Georgia, hasta Florida cada fin de semana, y permanecía a su lado en la cama del hospital.

Durante la semana se enfrentaba a largas jornadas de trabajo como subdirectora entre las 6:30 a. m. y las 5:00 p. m. En ocho años abrió tres escuelas y asumió la contratación de equipos de profesores y la creación de políticas y métodos de trabajo de los centros. El cuidado de tres niños y las tensiones matrimoniales también pasaron factura.

“No paraba de trabajar y estaba agotada”, comentó.

Su marido insistió en que acudiera al médico. Sin embargo, ignoró la cefalea, convencida de que se debía a su intensa pena. Tomó paracetamol y atenuó las luces de su oficina y su casa.

“Me desentendí de mi cuerpo y mi salud”, comentó.

El 22 de abril del 2013, Jones estaba revisando pruebas estandarizadas con un compañero cuando notó una sensación extraña.

“Fue como en esos dibujos animados en los que todo se mueve rápido mientras tú permaneces quieto”, comentó.

Con una tremenda migraña y un extraño y persistente dolor en el lado izquierdo, Jones volvió a su oficina en penumbra y pidió a su secretaria que se sentara con ella.

“En mi cerebro estaba hablando con ella, pero no salía ningún sonido”, comentó. “No podía articular nada de lo que quería decir”.

Mientras trataba de levantar los brazos, Jones no podía sentir su lado izquierdo y observaba cómo el brazo se quedaba colgando (un síntoma frecuente de derrame cerebral, además del habla arrastrada o con deficiencias).

El compañero de Jones llamó al número de emergencias. En el hospital, una serie de pruebas demostraron que sufría un derrame cerebral isquémico.

Jones tomó medicamentos y pasó los días siguientes en el hospital. Sorprendentemente, recuperó el habla después de un día. Sin embargo, la rehabilitación física se prolongó más tiempo y tuvo que utilizar un bastón durante los tres meses siguientes, mientras fortalecía su lado izquierdo.

En la actualidad, aproximadamente 4 millones de mujeres han sobrevivido a un derrame cerebral. De entre estas mujeres, las mujeres de raza negra no hispanas presentan la mayor prevalencia. El derrame cerebral es la 5.ª causa de muerte y la principal causa de discapacidad a largo plazo en Estados Unidos.

En retrospectiva, Jones se dio cuenta de que había ignorado las señales de que algo iba mal durante meses. Estaba constantemente cansada y se desmayó en el garaje mientras iba al trabajo.

Después de un breve período de trabajo en julio del 2013, Jones se jubiló.

“Necesitaba un descanso”, comentó. “Llevaba varios años de actividad y trabajo duro y continuo”.

El 2014, Jones se mudó a Coconut Creek, Florida, para empezar de nuevo, y cambió su trabajo de administración por el de profesora de lectura para reducir el estrés.

También hizo balance de cómo su estilo de vida podría haber contribuido al derrame cerebral. Aunque los antecedentes familiares de cardiopatías y diabetes no se podían cambiar, los médicos de Jones le comentaron que el peso excesivo podría haber contribuido al aumento del riesgo. Más del 66% de las mujeres sufren sobrepeso u obesidad; alrededor del 82% de ellas son negras no hispanas.

Jones, que ahora tiene 47 años, renovó su dieta; para ello, dejó de lado la comida sureña cargada de sodio y grasas con la que se crió e incorporó más frutas y verduras. También dejó de tomar tantas bebidas azucaradas, añadió ejercicio a su rutina diaria (10 000 pasos al día) y perdió peso.

“Me esforzaba un día tras otro, pero, en realidad, no vivía”, comentó. “Ahora estoy centrada en cuidar de mí misma”.

Jones sufre algunos efectos persistentes de su derrame cerebral. Ocasionalmente tiene problemas para articular ciertas palabras y continúa fortaleciendo su lado izquierdo. A pesar de ello, sabe que es una persona afortunada, especialmente después de que una prima sufriera parálisis y deficiencias en el habla tras un derrame cerebral.

“Como mujeres, tendemos a mantenernos en segundo plano e ignorar el problema”, comentó Jones. “Tu cuerpo te dice que algo va mal. No debes dar por supuesto que todo va ir bien”.