Monique Acosta House

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Monique Acosta House siempre estaba agotada. Resultó que tenía insuficiencia cardiaca, con solo 22 años de edad. Más adelante, necesitó un trasplante cardíaco y ahora promueve la salud cardíaca, la diversidad entre participantes de ensayos clínicos y una comunicación eficaz entre pacientes y médicos. 

Monique Acosta House pensó que su constante agotamiento se debía a que se exigía demasiado en el trabajo y la universidad.

Pero era mucho más que eso. Un ecocardiograma reveló que su corazón no estaba bombeando sangre tan bien como debería: padecía insuficiencia cardíaca congestiva.

Muchas personas con insuficiencia cardíaca pueden llevar vidas plenas y agradables cuando la afección se controla. House siguió las indicaciones del médico, participó en un ensayo clínico y se recuperó significativamente en un año. Su recuperación demostró el beneficio de los ensayos clínicos para ayudar a House a restablecer una función cardíaca estable después de su grave diagnóstico. 

La vida continuó, House se casó y consiguió un acelerado trabajo corporativo. Sin embargo, al intentar equilibrar las demandas de los frecuentes viajes de negocios, perdió la pista de su horario de medicación y experimentó un latido cardíaco irregular, conocido como arritmia. 

“Tenía 20 años y pensaba que era invencible”, afirmó House. Su médico cambió su medicación y la ayudó a recuperarse. Aunque su función cardíaca disminuyó, todavía era capaz de vivir sin limitaciones, aunque no de la misma manera que antes de su diagnóstico. 

Unos años más tarde, cuando decidió tener un bebé, luchó para encontrar un médico que aceptara a pacientes de alto riesgo, ya que la enfermedad cardiovascular sigue siendo la principal causa de muerte materna en mujeres.  Luego, debió enfrentar el impacto emocional de sufrir un aborto espontáneo. Pero, finalmente, en el 2003 tuvo un hijo, Asa, un nombre que viene del hebreo y significa “Sanador”. 

Sin embargo, sus problemas cardíacos continuaron y, dos años más tarde, requirió un cardiodesfibrilador automático implantable (ICD). El dispositivo puede detectar un latido irregular y devolverlo a su estado normal. Para el 2012, solo podía trabajar a tiempo parcial, aunque esperaba que el ejercicio regular ayudara a fortalecer su corazón. 

En el 2016, la incluyeron en una lista de espera de trasplante cardíaco. Mientras esperaba un nuevo corazón, House se esforzó por aceptar su situación. 

“Me tomó totalmente por sorpresa, a pesar de que no tenía una gran calidad de vida”, dijo. 

Recibió el regalo de un nuevo corazón en julio del 2017 y, en consecuencia, pasó 70 días en el hospital luchando contra una insuficiencia renal y problemas en las válvulas. 

Volvió a trabajar un año después y se mantuvo alerta para evitar enfermedades o lesiones. 

Ahora, con 47 años y viviendo en Woodbridge, Virginia, House respalda la participación de más afroamericanos en investigaciones. Las investigaciones ayudan a garantizar el desarrollo de nuevos medicamentos y tratamientos que beneficien a todos, especialmente a las mujeres de color. 
 
“La mayoría de las personas que participaron en el mismo ensayo clínico que yo eran hombres blancos mayores de 60 años, pero salvó mi vida”, indicó.

También anima a otros a desarrollar estrechas relaciones con sus médicos y a abogar por su salud. Monique recomienda prestar atención a los síntomas y buscar ayuda si algo no parece estar bien; no espere. 

“Confío en mi médico de manera incondicional, porque me escucha”, dijo. “Su médico debería poder explicarle todo, y, si no obtiene respuestas que le enseñen y lo ayuden a entender su salud, ese no es el médico para usted”.