2024 Go Red for Women, Clase de Sobrevivientes: Dipika Aggarwal

2024 Class of Survivors Dipika Aggarwal

La siguiente es la historia de Dipika y no es una recomendación ni un diagnóstico. Las historias se editaron para resumirlas.

La neuróloga Dipika Aggarwal sufrió un derrame cerebral, luchó para volver a hablar y caminar, y enfrentó una profunda depresión. Alienta a otros sobrevivientes a pedir ayuda si tienen problemas de salud mental porque suele ser muy difícil hacerlo solo.

La Dra. Dipika Aggarwal había regresado al trabajo tras luchar durante un año contra un cáncer de colon de estadio 4 y, en un día libre, estaba dándose el gusto de comer un omelet de hongos en un lugar favorito en Kansas City, Kansas, cuando la cabeza le empezó a palpitar. Con náuseas, pagó la cuenta y se fue hasta el auto, donde les envió un mensaje a una colega y a una amiga.

Dipika le dijo a su amigo neurólogo que creía que tenía una migraña. Su colega le dijo que esperara 15 minutos antes de conducir y que la revisaría. Luego aparentemente perdió el conocimiento. Su amiga la llamó varias veces hasta que finalmente respondió, balbuceando. Su colega fue rapidísimo al restaurante y la encontró desvanecida y completamente incoherente. Llamó de inmediato al 911 y una ambulancia trasladó a Dipika hasta el hospital donde trabajaba.

La mujer de 37 años había tenido una aneurisma. Mientras los médicos intentaban detener la hemorragia cerebral, Dipika sufrió un derrame cerebral masivo. Días más tarde cuando despertó todo se veía extraño.

“¿Por qué tengo puesta una bata para pacientes? ¿Por qué no puedo mover el cuerpo, y por qué está mi hermano en la habitación del hospital?” decía Dipika.

Fue ahí cuando comprendió que los roles se habían invertido. Ella no era el médico en la escena; era la paciente que había sufrido un derrame cerebral.

Dipika, que es diestra, no podía mover la mano ni la pierna derecha. Estuvo en silla de ruedas unos cuatro meses después de pasar de la unidad de cuidados intensivos a la rehabilitación para pacientes hospitalizados. Después pasó a la rehabilitación para pacientes ambulatorios, donde trabajó intensamente con terapeutas físicos, ocupacionales y del habla. Tenía dificultades para hablar y comprender. Cuando le pedían que nombrara algunos animales que se le ocurrieran en un minuto, solo podía enumerar tres o cuatro. Completar una oración era imposible.

La médica y sobreviviente del cáncer que supo ser optimista se había transformado en una pesimista víctima del derrame. Se preguntaba si podría volver a atender pacientes o incluso ponerse de pie. Las otras adversidades que enfrentó en esa época llegaron cuando su prometido rompió el compromiso. Y cuando su padre, que había viajado desde India para ayudarla con la recuperación durante nueve meses, falleció de repente. Fue devastador para ella.

Dipika había perdido la esperanza y decidido acabar con su vida. Intentó planificarlo, pero no pudo. Reconoce que el apoyo de familiares, amigos y compañeros de trabajo la ayudó a superarlo. Hizo terapia y se ocupó de su salud mental.

“Es difícil luchar solo, especialmente si sufriste un derrame cerebral o alguna afección crónica”, afirmó Dipika.

Ahora a los 42 años, Dipika regresó al trabajo después de 15 meses de recuperación; en la clínica de neurología para pacientes ambulatorios ve a pacientes con derrames cerebrales, convulsiones y otras afecciones neurológicas. El habla es prácticamente normal, aunque por momentos le cuesta encontrar la palabra adecuada. Camina y vive de forma independiente, puede conducir, pero su mano derecha no responde del todo bien. No puede escribir, pero aprendió a hacer la mayor cantidad de cosas con la mano izquierda, y sigue haciendo terapia para fortalecer el cuerpo.

Por el derrame que sufrió en septiembre de 2019, Dipika ahora comprende más a fondo lo que enfrentan sus pacientes tanto a nivel físico como mental, social y emocional. Habla abiertamente con ellos sobre su recuperación y los alienta a continuar con la terapia porque la recuperación de un derrame “no tiene fecha de vencimiento”. Dice que los médicos le salvaron la vida, pero que los terapeutas le devolvieron la vida.

También habla sobre resiliencia emocional y salud mental.

“Hay que hablar abiertamente sobre la salud mental”, afirmó. “No es que ahora sea 100% positiva, pero mejoré bastante. No está mal pedir ayuda si lo necesitamos”.

Dipika sigue trabajando con un terapeuta de salud mental y practica meditación y plena conciencia. Es cofundadora y facilitadora de un grupo de apoyo que ayuda a otros sobrevivientes de derrames. Se siente bien con respecto a su vida personal y profesional, y acepta sus limitaciones físicas. Le da satisfacción poder ayudar a que otras personas vean que también pueden superar una crisis y llevar una vida plena.

“Aquí sigo. En plena actividad, viviendo nuevamente la vida y recuperándome de un derrame“, afirma. “No se den por vencidos, manténganse fuertes y sigan luchando”.

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