Mika Leah

A pesar de su buen estado físico, esta californiana de 33 años presentaba un bloqueo del 98% en la arteria coronaria principal.

Mika Leah, un entusiasta del deporte de toda la vida, celebraba su cumpleaños número 33 haciendo senderismo cuando le faltó el aire y se agotó después de 1,5 kilómetros.

Ya había parado dos veces para descansar y sentía dolor en el brazo izquierdo y una presión intensa en el tórax. Su compañero de senderismo, con sobrepeso y fumador, ni siquiera había empezado a sudar.

“En ese momento me di cuenta de que algo iba muy mal”, comentó.

Al parecer, Leah llevaba un año experimentando síntomas relacionados con el corazón.

Dos meses después del nacimiento de su hija Mila, Leah corría su primera media maratón. Unas semanas después de la carrera, mientras corría, experimentó dolor torácico y respiración entrecortada, y, a continuación, vomitó. Pensó que había cogido una gripe y regresó a casa. Los síntomas desaparecieron. Sin embargo, al volver a correr el día siguiente, los síntomas se repitieron.

“No pude correr más de tres kilómetros, pero intenté superar el dolor porque eso es lo que nos exige nuestro entrenamiento como atletas”, comentó Leah.

Había compartido con su médico sus antecedentes familiares de cardiopatía, pero los resultados del ECG eran normales. Leah aceptó el diagnóstico del médico de que sus síntomas se debieron al estrés. Después de todo, tenía dos niños menores de 2 años, estaba en pleno divorcio y tenía un trabajo estresante.

Pero los síntomas no desaparecieron. Por lo tanto, volvió al médico varias veces ese mismo año y sus síntomas siempre se diagnosticaron erróneamente como estrés.

Ya había tenido bastante. Su padre había sufrido un ataque al corazón a los 32 años y llevaba varios años luchado con las cardiopatías, y ella temía seguir el mismo camino. “Así que volví al médico y le pedí que me remitiera a cardiología; le dije: ‘No aceptaré un no como respuesta’”.

Una prueba de esfuerzo reveló que Leah presentaba bloqueos significativos. Rápidamente se sometió a un procedimiento para cateterismo que reveló un bloqueo del 98% en la arteria principal izquierda. Los médicos colocaron tres

stents para reabrir las arterias, seguidos de otros dos, dos años más tarde. También se sometió dos veces a una angioplastia.

En retrospectiva, Leah no reconoció los síntomas cardíacos porque su padre había experimentado síntomas diferentes. Las mujeres que sufren ataques al corazón pueden presentar síntomas menos reconocibles y más sutiles que los hombres, como dolor o molestias en el estómago, la mandíbula, el cuello o la espalda, náuseas y respiración entrecortada.

“Si me hubiera dado cuenta de que una mujer joven y en buena forma podía sufrir cardiopatías, habría realizado la prueba de esfuerzo un año antes”, comentó Leah. “Mi intuición me decía continuamente que algo iba mal, pero me centré en ocuparme de todos los demás”.

Leah, que en la actualidad tiene 41 años y vive en Irvine, California, sufre ocasionalmente angina y busca atención médica de inmediato si el dolor no desaparece poco después de tomar la medicación.

Leah ha redoblado sus esfuerzos para comer de forma más sana y mantenerse activa: algo que lleva haciendo desde tercero de primaria, cuando su padre sufrió el primer ataque al corazón.

La actividad física no solo garantiza que las mujeres vivan más años y con mejor salud, sino que también reduce los factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares (como la hipertensión arterial y el colesterol alto).

También está reduciendo sus niveles de estrés y defendiendo sus intereses en lo que respecta a la atención médica a través de buenas relaciones con los médicos.

Leah mantuvo en secreto su cardiopatía durante años, por temor a admitir una debilidad. Con la certeza de que un día quizá necesite someterse a una revascularización cardíaca, ahora intenta aumentar la concienciación sobre las cardiopatías entre las mujeres para animarlas a identificar los síntomas y actuar.