Nicole Murray

Nicole Murray

Cuando Nicole Murray terminó una agotadora caminata de dos horas y media hasta la cima de una montaña en Hawái, no pudo evitar romper en llanto, sobrecogida por esta hazaña luego de haber sobrevivido a dos accidentes cerebrovasculares solo dos años antes.

Cuando Nicole Murray terminó una agotadora caminata de dos horas y media hasta la cima de una montaña en Hawái en el 2016, no pudo evitar romper en llanto, sobrecogida por esa hazaña.

Apenas dos años antes, había sobrevivido a dos accidentes cerebrovasculares.

Ha recorrido un largo camino desde la aterradora mañana del 29 de junio del 2014. Durante casi una semana, estaba demasiado agotada para dejar su cama o comer sin enfermarse. Cuando trató de reanudar sus tareas normales, escuchó un extraño chasquido en su oído. Su boca se adormeció y se sentía como si sus dientes se cayeran. 

“Me asusté y llamé a mi madre, pero no me salían las palabras”, dijo Murray. 

Murray no se dio cuenta, pero, junto con la debilidad de un lado, estaba experimentando signos comunes de un accidente cerebrovascular. Afortunadamente, la mamá de Murray llegó unos minutos más tarde para llevarla al hospital. 

Mientras se sometía a varias pruebas, Murray, de 29 años de edad, recordó a alguien que dijo “se podría pensar que tiene un accidente cerebrovascular, pero es demasiado joven”.

Sin embargo, una resonancia magnética por imágenes (IRM) mostró que sufrió un accidente cerebrovascular hemorrágico, que ocurre cuando un vaso sanguíneo debilitado se rompe y sangra dentro del tejido cerebral circundante.

Tres meses más tarde, durante una sesión de terapia, mientras se recuperaba gradualmente, su discurso comenzó perder sentido y le faltaban sílabas. 

“Mi terapeuta me miró y dijo 'casi hemos vuelto a la normalidad y ahora suena extraño'”, comentó Murray. 

Por recomendación del terapeuta, Murray se sometió a pruebas una semana después, las que demostraron que había sufrido un accidente cerebrovascular isquémico, en el que un coágulo bloquea el flujo sanguíneo al cerebro. 

Durante los siguientes dos años, Murray luchó por recuperarse del impacto físico y emocional causado por los accidentes cerebrovasculares. Incluso, cuando finalmente regresó a trabajar, todavía no había recuperado por completo el habla y siempre estaba agotada. Su memoria a corto plazo sufrió. 

“Ponía la leche en la despensa en lugar del refrigerador y olvidaba si había hecho algo solo unos minutos antes”, indicó. 

Murray a menudo comenzaba a llorar como resultado de la labilidad emocional (PBA), una afección asociada con los accidentes cerebrovasculares y otras afecciones neurológicas, que también puede provocar una risa repentina, incontrolable e inapropiada.

Luego, sufrió una depresión profunda que la llevó a pensar en la posibilidad de suicidio.  

“Me acostumbré a llorar todos los días, pero no podía saber si la causa era tristeza o que no podía controlarlo”, dijo. 

Murray, que se enorgullecía de ser una conversadora elocuente y poeta, se sentía ansiosa en situaciones sociales. Su habla era lenta e ininteligible, y, a veces, decía palabras equivocadas y absurdas.

Gracias a su fe y el apoyo de familiares y amigos, Murray se centró en recuperarse, lo que incluyó cambios en su estilo de vida para fomentar la salud cardíaca y cerebral. Comenzó a hacer ejercicio y perdió parte del peso que había subido después de sus accidentes cerebrovasculares.

Murray tenía un objetivo especial que la motivaba: subir una montaña en Hawái, donde asignaron a su hermano en el ejército.

“Establecer metas fue muy importante para mí”, dijo. “Me tomó dos horas y media subir la montaña, y me costó mucho, pero era muy importante para mí decir que lo logré”.

Los médicos no están seguros de lo que provocó los accidentes cerebrovasculares de Murray, pero indicaron que el exceso de peso y el alto nivel de colesterol aumentaban sus riesgos. Había experimentado migrañas durante dos años antes de sufrir los accidentes cerebrovasculares, lo que los médicos consideraron que podría haber sido un signo de alarma.

Murray se enteró más tarde de que tres de sus parientes habían sufrido accidentes cerebrovasculares.

“Mi familia nunca habló de ello”, comentó.

En los años transcurridos desde sus accidentes cerebrovasculares, tres miembros más de su familia, incluido su hermano, sufrieron accidentes cerebrovasculares.

Casi el 60 por ciento de las muertes por accidentes cerebrovasculares se producen en mujeres, quienes, además, presentan un mayor riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares que los hombres. Entre las mujeres, las mujeres afroamericanas tienen la mayor prevalencia de accidentes cerebrovasculares. 

Murray ha inspirado a su familia a hablar más sobre temas de salud. También anima a otros a reconocer y responder a los accidentes cerebrovasculares con el método F.A.S.T. (en inglés, rápido):
Parálisis facial
Debilidad en un brazo
Arrastrar las palabras
Es el momento de llamar al número de emergencias

Murray, quien ahora tiene 34 años y vive en Indianápolis, también inspira a sus amigos a unirse a ella en el gimnasio.

“Tengo mucha más energía, pero también sé cuándo decir que no para no hacer demasiado”, dijo.