¿Qué es la gestión del estrés?

 

 

¿Se ha dado cuenta alguna vez de que la risa ayuda a aliviar las preocupaciones? O puede que haya experimentado alguno de los casos que se detallan a continuación.  Tiene un día completamente estresante y abrumador, y decide alejarse del frenesí, reordenar sus ideas, hacer una lista de lo que está pasando y conceder prioridad a lo más importante.  ¿Le ha ayudado la lista a descubrir que quizá su día es más fácil de controlar de lo que parecía? O a lo mejor suele salir a dar un paseo con un amigo antes de comenzar su jornada laboral.  Esta semana parece demasiado ajetreada y estresante para caer en “frivolidades” como esas.  Pero decide que, en lugar de saltarse el paseo, hará un esfuerzo y saldrá a caminar.  Después, se da cuenta de que le vino bien tanto física como social y emocionalmente, y, al comenzar el día de trabajo, se siente más capacitado para completar la lista de tareas.

Aprenda a “pisar el freno” cuando sienta estrés.

La risa, la actividad física y organizar las ideas pueden ser técnicas eficaces para gestionar el estrés.  Pero algo tan simple como un breve descanso también puede ser eficaz.  Según el Dr. Robert Sapolsky, experto en estrés y profesor de neurología en Stanford, todos debemos comprometernos a gestionar regularmente el estrés y a aprender a ponerle coto sin trasladar la carga a otras personas. Hablemos del porqué y el cómo.

¿Cuál es el propósito del estrés?

Las emociones son señales que nos ayudan a reconocer los problemas. Las hormonas del estrés nos ayudan a luchar o a huir cuando estamos en peligro.  Sin embargo, la respuesta al estrés de nuestro cuerpo puede convertirse en un problema cuando se altera constantemente por cosas que no son necesariamente una amenaza o crece hasta el punto de afectar a nuestra salud, bienestar o claridad de pensamiento.

¿Por qué gestionar el estrés?

¡Su mente se merece algo mejor que arrastrar la inagotable carga de las preocupaciones! Aunque algo de estrés puede ser beneficioso y ayudar a resolver problemas reales, una gran parte del que experimentamos es innecesario e incluso perjudicial. Los estudios demuestran claramente que los cerebros estresados no funcionan de la misma forma que los no estresados. Según el doctor John Medina, director del Brain Center for Applied Learning Research de la Seattle Pacific University, la creatividad, la productividad, la motivación y, a veces, incluso el sistema inmunitario se verán afectados por el estrés crónico.

¿Cómo aprendemos a gestionar nuestro estrés?

Paso 1: ¡En guardia! Conozca su “zona baja”. El estrés se convierte en un problema crónico a medida que las preocupaciones del día a día se apoderan de nosotros.  O tal vez se haya acostumbrado a convivir con el estrés en su vida y permite que cualquier problema estresante en un momento dado dicte lo que hará cada día.  Todo el mundo necesita placer, productividad y creatividad en sus vidas, y el estrés crónico nos los roba.

Eche un vistazo a este proceso:

Gráfico del proceso continuo del estrés

1 — Disfruto de forma creativa y alegre en la vida.

2 — Me siento relajado y espero seguir haciéndolo.

3–5 — Puedo hacer frente al estrés y pensar en soluciones positivas para afrontar mis problemas. 

6-7— Soy moderadamente irritable y ansioso; a veces me siento desbordado y las tensiones me agobian.

— Mis problemas parecen no tener solución. Muchas cosas me irritan o molestan.

9 — ¡Socorro! Estoy a punto de perder la calma.

10 — Mis emociones negativas están alcanzando niveles demasiado altos

¿En qué grupo se incluiría? ¿Cómo sabe cuándo ha sobrepasado el límite de la moderación?  Identifique los pequeños cambios que puede detectar en su estado de ánimo a medida que avanza por el proceso.  Probablemente deberá pasar varios días observando sus reacciones, pero, si es como la mayoría de las personas (¡y es muy probable que así sea!), su nivel de estrés aumentará de acuerdo con un patrón predecible.  Si dedica tiempo a conocer sus estímulos emocionales, puede aprender a regular el estrés para mantenerse más tiempo en la “zona baja” (números 1-5). 

¡Pero no sabe lo estresante que es mi vida!

Es evidente que algunas personas viven en entornos más estresantes que otras, y es probable que paguen las consecuencias a menos que aprendan a gestionar el estrés y a mejorar su calidad de vida.  Por ejemplo, el estrés asociado a cuidar una persona enferma se traduce a menudo en problemas de salud física y emocional.  Si cuida de una persona enferma, es especialmente importante que aprenda técnicas de gestión del estrés para mantenerse en la “zona baja”, que busque formas de disfrutar de la vida y que dé cabida a momentos de satisfacción y alegría en su trabajo.

Paso 2: Aprenda a vivir en la zona baja de estrés. Si pasa de la zona media a la zona de alto estrés, ha llegado el momento de gestionarlo.  La solución podría consistir en llamar a un amigo, salir a dar un breve paseo de cinco minutos, recordar lo que se puede y no se puede cambiar o tener un libro entretenido a mano al que recurrir cuando necesite reírse.  Da igual, tómese su tiempo para volver a acercarse al nivel de estrés próximo a la “zona baja”.  Tenga en cuenta lo que ocurre en su cuerpo y mente al hacer estas pausas.

Estas son las ventajas de una vida con poco estrés.

¡La vida en la zona baja de estrés presenta muchas ventajas!  Se sentirá más creativo, más vivo y más capaz de disfrutar de los pequeños momentos de felicidad.  Además, reservará las “respuestas de estrés de zona alta” para los momentos más adecuados. Cuando no es cuestión de vida o muerte, no necesitamos respuestas emocionales que superen los límites emocionales máximos.

Por lo tanto, debemos aprender a disfrutar de los regalos de la vida y a alejarnos del estrés siempre que sea posible.


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